¿Alguna vez se han experimentado molestias digestivas como dolor abdominal, gases o diarrea tras consumir ciertos alimentos? Estos síntomas pueden estar relacionados con una intolerancia alimentaria, una condición que afecta a millones de personas en todo el mundo.
A diferencia de las alergias, las intolerancias alimentarias no implican una respuesta del sistema inmunitario, aunque sus síntomas pueden ser similares. Este artículo ofrece una visión general sobre qué son las intolerancias alimentarias, cómo se clasifican y cuáles son las más frecuentes entre la población.
¿QUÉ ES UNA INTOLERANCIA ALIMENTARIA?
Las intolerancias alimentarias son unas reacciones adversas que se dan cuando el organismo no puede digerir, de forma correcta, un alimento o alguno de sus componentes.
Aunque los síntomas de la intolerancia son similares a las de alguna alergia alimentaria (diarrea, dolor intestinal, cólicos, cefaleas…), su origen es diferente, en el caso de las intolerancias no interviene el sistema inmunitario. Se trata, por tanto, de un problema de tipo digestivo o metabólico, no inmunológico.
TIPOS DE INTOLERANCIAS
Las intolerancias alimentarias pueden clasificarse en tres grandes grupos, según su causa:
Intolerancias alimentarias de causa enzimática

Se producen cuando el organismo no dispone de las enzimas necesarias para metabolizar ciertos componentes del alimento. Este tipo de intolerancia es la más frecuente en la población y, entre ellas, destaca la intolerancia a la lactosa y la intolerancia a la fructosa.
Intolerancias alimentarias farmacológicas o químicas
Las intolerancias farmacológicas aparecen cuando el organismo reacciona de forma anómala ante determinadas sustancias químicas presentes de forma natural en algunos alimentos. Los casos más frecuentes se dan con alimentos como el vino, el chocolate, los quesos fermentados o ciertos pescados.
Lo particular de estas intolerancias es que no siempre provocan síntomas. La intensidad de la reacción depende de varios factores:
- La cantidad de alimento consumido: A mayor cantidad, más probable es que aparezcan molestias
- La presencia de otros elementos: Por ejemplo, el alcohol puede intensificar la reacción
- La sensibilidad individual: Cada persona tiene un umbral diferente de tolerancia
Esto explica por qué una persona puede comer chocolate en pequeñas cantidades sin problemas, pero experimentar síntomas si consume una cantidad mayor o lo combina con otros alimentos.
¿Qué sustancias causan estas reacciones?
Las principales responsables de las intolerancias farmacológicas son:
- Aminas vasoactivas: Como la histamina (presente en pescados mal conservados), la tiramina (en quesos curados) o la serotonina (en plátanos y tomates). Estas sustancias pueden afectar a los vasos sanguíneos y provocar dolores de cabeza o problemas digestivos.
- Estimulantes: La cafeína del café y té, o la teofilina del chocolate, pueden causar nerviosismo, insomnio o palpitaciones en personas sensibles.
- Alcohol: Aunque es conocido por todos, algunas personas tienen una tolerancia muy baja y experimentan síntomas incluso con cantidades mínimas.
Intolerancias alimentarias indeterminadas

Este tipo de intolerancias se produce cuando el organismo reacciona negativamente a los aditivos alimentarios o contaminantes que pueden estar presentes en los alimentos, especialmente en los productos procesados e industriales.
¿Qué sustancias pueden causar estas reacciones?
Las sustancias más comunes que provocan estas intolerancias son:
- Conservantes: Utilizados para alargar la vida útil de los alimentos
- Sulfitos (presentes en vinos, frutas desecadas, zumos)
- Cloruros y nitratos (en embutidos y carnes procesadas)
- Nitritos (en jamón cocido, salchichas)
- Potenciadores del sabor: Añadidos para intensificar el gusto
- Glutamato monosódico (común en comida asiática, caldos, snacks salados)
- Otros realzadores del sabor en productos precocinados
- Colorantes y edulcorantes artificiales: En bebidas, golosinas y productos light
⚠️ ¡Dato importante! ⚠️
No todos estos compuestos son artificiales. Algunos aditivos están presentes de forma natural en ciertos alimentos. Por ejemplo, los nitratos se encuentran naturalmente en espinacas y remolacha y los sulfitos pueden aparecer durante la fermentación natural del vino.
Esto significa que incluso consumiendo alimentos «naturales» o «sin aditivos añadidos», algunas personas sensibles pueden experimentar síntomas. Por eso es importante identificar qué sustancia específica causa la reacción, independientemente de si es natural o añadida industrialmente.
PRINCIPALES INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS
INTOLERANCIA AL GLUTEN Y CELIAQUIA
El gluten es una proteína que está presente en muchos cereales como el trigo, cebada, centeno, avena, espelta, kamut y triticale. Representa el 80% de las proteínas y es el responsable de la elasticidad de las masas de harina.
Su consumo puede provocar dos tipos de reacciones en determinadas personas: intolerancia al gluten y celiaquía que, aunque comparten algunos síntomas, presentan diferencias fundamentales.
Intolerancia al gluten
Se caracteriza por presentar una sintomatología digestiva (cólicos, dolor intestinal, diarrea, …) y extradigestiva (fatiga, dolor muscular, …) cada vez que existe una ingesta de gluten. Los síntomas remiten al eliminar el gluten de la dieta, sin que exista un daño permanente en el intestino.
Celiaquía
Es una enfermedad de origen inmunológico que afecta a personas genéticamente predispuestas. Se caracteriza por una reacción de inflamación crónica de la mucosa del intestino delgado que dificulta la absorción de macro y micronutrientes aportados por la dieta alimentaria.
Los síntomas más comunes son: diarrea, pérdida de peso y fuerzas, distensión y dolor abdominal, vómitos y, en niños, detención del crecimiento. Otros síntomas extradigestivos que pueden aparecer son: anemia, osteoporosis, déficit de vitaminas y sales minerales o propias de otras patologías asociadas.
El tratamiento de la celiaquía consiste en mantener una dieta estricta sin gluten de por vida. En ausencia de esta proteína, los síntomas desaparecen, la serología se restablece y se recuperan las microvellosidades intestinales.
INTOLERANCIA A LA LACTOSA
La lactosa es un azúcar presente en la leche de todos los mamíferos (vaca, cabra, oveja, humana) y también en numerosos productos elaborados. Para que el organismo pueda absorberla, debe ser descompuesta en dos azúcares simples: glucosa y galactosa.
Este proceso es posible gracias a la lactasa, una enzima producida en el intestino delgado que desempeña un papel fundamental en el metabolismo de la lactosa. Cuando esta enzima está ausente o se produce en cantidades insuficientes, la lactosa no puede descomponerse correctamente.
La lactosa no digerida pasa al intestino grueso, donde es fermentada por bacterias, generando gases y ácidos grasos de cadena corta que provocan los síntomas característicos de la intolerancia.
Principales síntomas:
- Náuseas, dolor y distensión abdominal
- Gases, flatulencias, diarreas ácidas
- Heces pastosas y flotantes, defecación explosiva
- Vómitos y enrojecimiento perianal
Además, pueden aparecer síntomas inespecíficos como fatiga, dolores musculares, alteraciones cutáneas, nerviosismo, trastornos del sueño o dificultad para concentrarse.
El tratamiento de la intolerancia a la lactosa consiste en ajustar la dieta según el nivel de tolerancia individual. En la mayoría de los casos, no es necesario eliminar completamente la lactosa, sino reducir su consumo hasta un nivel que no cause síntomas.
Se recomienda:
- Optar por leche y derivados sin lactosa
- Evitar productos procesados que puedan contener lactosa como aditivo (consultar el etiquetado)
- Valorar, en algunos casos, el uso de suplementos de lactasa para mejorar la digestión de alimentos lácteos
Un seguimiento dietético adecuado permite mantener una alimentación equilibrada sin renunciar a los nutrientes clave presentes en los productos lácteos.
CONCLUSIÓN
Las intolerancias alimentarias son cada vez más frecuentes y pueden afectar de forma significativa al bienestar digestivo y general de las personas. Comprender sus causas, reconocer sus síntomas y saber diferenciarlas de las alergias alimentarias resulta clave para su adecuado manejo. Un diagnóstico profesional y una correcta adaptación de la dieta permiten controlar sus efectos y mantener una alimentación equilibrada y segura.
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